Kindle: to set alight or start to burn
Supongamos que te llamás Roni Bandini y una chica muy menor te reconoce en la calle y decide inmolar su belleza decimonónica bajo el peso de tus crónicas apuradas. Todo como parte de cierto camino autodestructivo que ni te tomás la molestia de analizar porque el tema es otro, el tema sos vos mismo y la posibilidad de perderte. En fin, si tenés algún consejo sobre este tema llamá al 0800.me.importa.1.carajo.
Vamos a los hechos. Día de semana, madrugada. Salgo de boluevento literario donde fui a increpar a cierta editora que tiene mi novela inédita en el freezer mientras cuenta en Facebook las mil y unas formas de zamparse un ceviche. Ya en la puerta de casa entra un mensaje de texto: es Kindle Girl, que no me conoce, que no había nacido cuando yo ya era básicamente quien soy. Me manda su dirección, piso y departamento. Yo estoy hecho percha, despeinado y con las últimas 18 horas de rebote estampadas en la cara pero lo único que podría impedirme llegar es un triple vuelco sobre Avenida Santa Fé.
Llego, toco el timbre. Espero, cinco, diez minutos. Ella baja, calculadamente de entrecasa, incalculablemente atractiva para mí que me cansaron las treintañeras de tacos y maquillaje. Kindle Girl se empeña en mostrar que está en control de algo que ya excede cualquier posibilidad de ser medido. Yo hablo como si estuviera con James Lipton en el Actor´s Studio: mis problemas de personalidad, salidas de motos italianas, las funciones de Entrevistas Breves… Mientras tanto siento un vibe, algo que pasa a veces. La gente espera que me ponga a mear macetas, a carajear y levantar polleras. Pero yo no soy así. Ni hay macetas llegado el caso. Total que me acerco – destemplado, ridículo – y le doy un beso.
Hay mujeres que se conmueven, otras que te rechazan, unas pocas indiferentes. Mezclá todo eso y te vas a hacer una buena idea de cómo se siente un beso con Kindle Girl.
Afuera, los pájaros anuncian la llegada de la mañana y no es que tenga algo que hacer pero suelo acostarme cuando está oscuro y me molesta la evidencia de haber saltado el guardarrail, de estar dando trompos por la banquina.
Kindle girl se para, va hasta la pieza, se saca la ropa. Y cuando quieran saber por qué uno escribe – si no hay plata, ni sentido en sí mismo, ni posibilidad de que a las editoras les importe más tu novela que comer ceviche – Sepan que es por esto, para ordenar el caos, para entender a una chica linda, disfuncional, herida, que invita a un desconocido veinte años mayor y se ofrece desnuda en los últimos segundos de la madrugada.
No sé qué pasa con los pájaros ahí afuera, con mis reglas y lo que se supone que tenga que hacer pero bajo y me pierdo entre sus piernas con una clara visión: es el viento que sopla. Y ni rastros de las migas.





Hay 100 motivos por los cuales es mas conveniente que salga con 30ñeras, Bandini. O me va a decir que una de 18 podrá conocer “…antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín done corrían todos los vinos, donde se abrían todos los corazones…” o Renato Russo con “Eu quis o perigo e até sangrei sozinho” o esa canción de Nick Drake que corta una y otra vez por Twitter. Además le tienen que pedir permiso a Papi para ir a jugar (dejando de lado que Papi probablemente tenga su edad).
No me enoje… que es Lunes.
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BANDINI!!!!!!! NO HEMOS APRENDIDO NADA DE ROMAN POLANSKI??????? EH???????????????
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Me parece que hay un typo en el post tittle: en lugar de Kindle Girl es Kinder Girl.
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Todo muy lindo pero ha sido visto levantando polleras.
Anoteme para la obra. Voy, voy, voy el 25.
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