
Todo empezó cuando me cancelaron la reunión del grupo Kansas. Entonces con toda la tarde ahí adelante no me quedó otra que llamar a una casa de masaje/relax pero juro que más que nada por el masaje. Tengo un dolor en la cintura que jode como la llovizna y la casa de masajes me queda más cerca que el Kinesiólogo. La cosa es que me dieron turno para las cinco y como llegué un poco antes fui a caminar por Cabildo y en una librería de usados me encontré el libro “Muñecas” de Ariel Magnus.

La foto lo dice todo. Una tal Susana, objeto de cierto afecto por parte de Magnus, se deshizo del ejemplar sin siquiera haberlo leído. Pero la ofensa no termina ahí. Susana no se tomó el trabajo de ir a provincia o bien al interior para reducir el material. Lo hizo en plena capital, sobre una avenida concurrida. Y lo que más me jode es que ni siquiera conservó el ejemplar apostando a un incremento de su valor a futuro.
Desde este humilde espacio, amigo Magnus, te prometo que:
1. Yo voy a leer tu libro entero.
2. No lo voy a reducir en una librería de usados, ni siquiera en una de provincia por más que me vea importunado por los acreedores.
3. Lo voy a conservar en un sector privilegiado de la biblioteca, en ese estante que queda a altura de los ojos, junto a otros libros dedicados.
Lo único que necesitaría, eventualmente, si nos vemos y no te jode, es que me endoses la dedicatoria.




[...] Yo no sé qué pasa con las groupies. Ni se toman la molestia de remover la dedicatoria antes de reducir los libros. Ya reporté esta tendencia con el caso de Ariel Magnus [...]