Clases de teatro (Parte 1)

Clases de teatro

Clases de teatro

Primera clase de teatro. La profesora: mujer, pálida, castaña tiene puesta una camisita con mangas princesa muy curiosa. Me imagino que le deben gustar las camisas manga princesa y que eso le costó sus últimos diez novios. Estoy incómodo. Tengo miedo en realidad. Miedo a que manga-princesa me haga subir al escenario y me pida hacer de fuente de agua. Estamos sentados en círculo. Somos dos hombres, el resto mujeres y siguen apareciendo. Diez, quince, veinte, veinticinco mujeres. No puedo disfrutarlo. Tiemblo. Me estoy por cagar encima. Eso sí que va a ser teatral.

Ronda de presentación. Nombre, edad, profesión, experiencia en teatro. Casi todas las chicas tienen veinte años y ya tuvieron alguna experiencia en el rubro. Me toca, toso y digo que soy Ingeniero en Sistemas. A un Ingeniero se le tiene que perdonar que no sepa hacer de fuente de agua. Al lado tengo sentada a una mina con anteojos siniestros y una especie de delantal de panadería. Ascendencia rumana, dice. Lo único que conozco de por ahí eran esos chicos con cara de grandes que tocaban el acordeón en el subte. La ronda de presentaciones pasa y la rumana me dice algo al oído. Creo que es un chiste porque se está riendo. Me río también. Ja, jaaa. No tengo idea qué dijo. La tenés chica. Jaa, ja, ja. Humor rumano.

De pie. Nos hacen dejar las sillas. No sé por qué. A mí me gustan las sillas. Uno puede protegerse con una silla. Estamos todos parados, mirándonos la cara. Yo debo ser el más nervioso. Las chicas están tranquilas. Algunas me sonríen. Sale música New Age, esa que incita a la violencia. Tenemos que caminar por el salón. En cualquier dirección. Dejo de temblar.  Camino y miro culos y cada tanto doblo. Voy por atrás de la columna y me doy de frente con los anteojos siniestros de la rumana. No puedo disimular la cara de miedo. Me alejo. La profe manga-princesa cazó mi nombre. Desde la otra punta del salón grita: “Roni, tenés los hombros muy rígidos” Todos me miran. Concha de tu madre, pienso. Entonces la cosa se complica. Ahora la profe aplaude y tenemos que quedarnos duros, estilo estatua. Las minas son sueltitas y ponen unas caras bien teatrales, con las manos extendidas y los dedos formando abanicos. Yo hago estatua en las distintas fases del andar pero se ve que esto es lo menos porque ahí llega el grito desde la otra punta del salón “Roni, no hagas siempre lo mismo” Aplauso. Empiezo a hacer pelotudeces. Levanto un pie. Aplauso. Me agarro una oreja. Aplauso. Le doy la mano al hombre invisible. Aplauso. Hago dedo. Aplauso. Paro un colectivo. Tengo plena conciencia de que soy el aparato más aparato de todas las clases de teatro de la Ciudad de Buenos Aires.
La profe lo complica más. Ahora hay que armar una secuencia de movimientos. Llega el primer aplauso y me quedo duro, no sé qué hacer. En la urgencia pelo un desplazamiento de Capoeira de Angola. Zafo. Segundo aplauso. Otro desplazamiento de Capoeira. Así voy por el salón haciendo unas cosas raras que nadie entiende. La profe me mira pero no dice nada. Se habrá dado cuenta de que no vale la pena.

Termina la tortura y nos sentamos en el piso. Estoy ahí, a nivel del suelo, humillado, derrotado. Decido abandonar. La profe habla de las escuelas de teatro, de Strasberg y del Método. Entonces una chica menudita sentada estilo sirena se deja caer naturalmente sobre mi hombro. Me parece que fue un accidente y espero que se corra pero no se corre. Queda ahí, recostada, casi encima mío. Yo respiro el perfume de su pelo, miro alrededor y pienso poses para la clase que viene.

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La Araña Metalera

Araña ACDC

Araña ACDC

Volví a casa a eso de las siete, me saqué los zapatos y me serví un vaso de coca. Florencia se estaba bañando, veía el vapor en el esmerilado y la escuchaba cantar. Parecía La Marcha Turca pero en seguida me pareció el Feliz Cumpleaños y después La Marcha Turca otra vez. Fui hasta el equipo de música y puse el compact de ACDC. Los acordes de Shook me All Night Long taparon el canto. Volví al sillón, agarré el vaso de coca. Coca y ACDC es todo lo que hace falta a veces.
Entonces llegó el grito, un chillido más bien. Se abrió la puerta del baño y apareció Florencia tapándose las tetas con una toalla. Estaba pálida.
-¿Qué pasó?
- El baño, la ventana.
Pensé que había un sátiro colgado y fui corriendo.
-    No hay nadie.
-    Ahí, en el marco.
Miré el marco. Había una araña muy rara, la cabeza chiquita, las patas flacas y largas.
-    ¡Matala! ¡Matala!
-    ¿Qué?
-    Que la mates.
La araña se balanceaba y curiosamente coincidía con la música de ACDC.
-    Matala, ahora, dale.
-    No la puedo matar, le gusta ACDC.
-    ¿Qué?
-    Que le gusta. Mirá cómo se mueve, es una araña metalera.
-    No seas pelotudo. Matala.
-    No, no merece morir.
-    Matala, con la ojota, dale.
Miré a la arañita, seguía moviéndose. Justo era el estribillo y le ponía garra.
-    Matala, aplastala, que se va a escapar.
Me acerqué y me pareció que sonreía. Bailaba y sonreía.
-    No seas cagón. Si no la matás llamo al portero.
Acerqué la mano y le toqué una pata. La araña levantó esa pata y siguió bailando con las demás.
-    El portero sí se va a animar.
Miré a Florencia. Tenía la piel roja, los ojos como dos pelotas de ping pong, saliva en el labio.
-    Matala ¿No te animás? ¿Querés que llame al portero?
Levanté la mano y descargué el golpe. El perfil de Florencia se sacudió. Volví al sillón y agarré el vaso de coca.

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Chau Fibertel?

Fibertel

Fibertel

Fibertel es la mejor empresa proveedora de acceso a Internet por banda ancha en Argentina. No me pagan por decir esto, es más yo les pago a ellos hace años y no puedo dejar de reconocer que lo que hacen lo hacen bien: tienen buenos precios y ofrecen atención al cliente.

Pero hay un problema con Fibertel, pertenece al “Grupo Clarin” y quedaron atrás los días en que el “Grupo Clarín” se llevaba muy bien con los Kirchner.

Adjunto un ejemplo de tapa de diario del año 2004: 90% de futbol, 10% de giladas, ninguna crítica.

Tapa de Clarin 2004

Tapa de Clarin 2004

Al 2010 el gobierno Kirchner está muy enojado y pretende quitarle al “Grupo Clarín” la licencia para ofrecer servicios de Internet. En esta dirección salieron dos solicitadas desopilantes de la CNC. Para quienes no lo saben, la CNC es un órgano de control que no controla nada y funciona como cómplice del monopolio de las telcos para empomar usuarios.

Algunos fragmentos sin desperdicio

“Para resguardar los intereses de los actuales usuarios y clientes… se ha dispuesto un plazo de 90 días contados a partir de la notificación del presente a efectos de que ejerzan la libre elección de su nuevo proveedor de servicio”

Alguno se preguntará cuál es la relación entre los 90 días y el resguardo de los intereses de los actuales usuarios. Ninguno. Los 90 días le sirven al gobierno para evitar resoluciones judiciales adversas. La justicia es lenta, ellos – cuando quieren – son muy rapiditos.

” …de esta manera el Estado Nacional garantiza la competencia en la prestación del servicio a Internet y protege a los usuarios y consumidores contra los monopolios”

No sé qué tiene que ver el Estado con todo esto. En cuanto al gobierno, remover a un proveedor de Internet es justamente fomentar el monopolio, no combatirlo pero bueno, se ve que algun asesor K leyó a Orwell y así estamos.

Sobre los detalles técnicos del caso como el usufructo  de la licencia por parte de Cablevisión,  la transferencia de derechos de personas jurídicas y todo eso, a nadie le importa. Está claro que no son causas, son justificaciones en un episodio de enfrentamiento económico entre un grupo peligrosamente poderoso (el gobierno y sus amigos) y otro algo menos poderoso (Clarín).

Si el gobierno logra liquidar a Fibertel pierde Clarin y pierden los usuarios de Fibertel pero no todo son lágrimas: gana Telecom, gana Telefónica, ganan los amigardos del gobierno, gana poder el poder.

El único consuelo que queda es que alguno de estas bravuconadas termine siendo como 1941 para el Tercer Reich.

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Sobre eBooks, escritores y editoriales

eBooks en Kindle

eBooks en Kindle

Los medios están un poco desenfocados con el tema de los eBook readers. Titulan sus notas con “Muerte al libro” “La enciclopedia británica en el bolsillo” y “Dónde meterse sus bibliotecas vacías” En el texto incluyen estadísticas de fuentes dudosas “Amazon dice que vende muchísimos eBooks para su Kindle” y también bolu-reflexiones conservadoras de escritores como Umberto Eco y Vlady Kociancich cuya última adquisición tecnológica fue la TV color.

El tema es definitivamente otro: qué pasa con los escritores y las editoriales en tiempos de eBook readers.

Sobre las editoriales solo quiero decir una palabra: arrivederci.

Por más que se agrupen para dar manotazos de ahogado colectivos, cabe preguntarse por qué querría un escritor vender sus libros en Libranda cobrando propina cuando podrían vender sus libros ganando el 70% a través de Amazon DTP para Kindle o Lulu.com o el 100% del precio de tapa con un carro de compras open source como osCommerce y Comersus.

Alguno dirá que las editoriales aún pueden agregar valor a través de los servicios de corrección, diseño de tapa,  filtrado de material, distribución y comercialización.  Veamos caso a caso. La tapa y la corrección son servicios one time fee bastante accesibles por cierto. El filtrado de material -subjetivo, falible y caprichoso -  es un efecto negativo, consecuencia de las limitaciones de la industria editorial impresa, no un agregado de  valor. La distribución simplemente no existe con respecto a los eBooks: cualquier lector interesado puede ubicar y comprar fácilmente el libro requerido. Si no lo encuentra en Libranda-Baranda, lo podrá comprar en Amazon, en Lulu o en el propio sitio del escritor. Sobre la comercialización, las editoriales no pueden comercializar eBooks eficientemente mientras no entiendan bien de qué se trata. Por ejemplo: confían plenamente en el DRM sin haber aprendido la experiencia del DVD y el Content Scrambling System. Cuando entiendan que los lectores van a copiar eBooks tal como copian películas y canciones quizás puedan empezar a desarrollar un esquema de comercialización realista.

Ahora hablemos de los escritores.

Hasta el momento el escritor era el pelotudo de las editoriales. Trabajaba años y años para recibir propina: el 10% sobre el precio de tapa. Pero además, el escritor no tenía ningún control sobre la cantidad de libros vendidos. La editorial determinaba este número mayormente a ojo. Obvio que no estoy hablando de los escritores he-man, los masters of the universe que pueden pedir anticipos y viajes a ferias y se pistoléan a las secretarias y ganan premios de la misma editorial que los tiene bajo contrato. Hablo del escritor común, del pelotudo común. (Yo me pistolee alguna secretaria pero por lo demás, ningún master)
Veamos un ejemplo concreto: Juan Pindonga escribe un libro con crónicas de aventuras en moto. Firma contrato con una editorial, el libro se vende a u$10, la tirada es de mil ejemplares y le dan 20 ejemplares como anticipo de derechos de autor. Un año más tarde la editorial en un sopor de honestidad reconoce que fueron vendidos 800 ejemplares. Juan Pindonga recibe un cheque por… cha chaaaan:  u$700 (u$800  de royalties – u$100 por los ejemplares a precio de costo a u$5 c/u)

Ahora el mismo ejemplo con eBooks: Juan Pindonga le paga u$100 a un diseñador para generar una tapa en formato PNG y u$200 a un corrector. Publica su libro en Amazon DTP para ser vendido en Kindle y también en su sitio web de motos utilizando el carro de compras Comersus conectado al sistema de pagos Dineromail. Vende 500 libros desde el sitio propio y 300 desde Amazon. Amazon le paga u$2250 y el sitio propio le da u$4750 (descontando el fee del sistema de pagos) Entonces son u$7000 menos los costos de tapa y corrección: u$6700 directo al bolsillo.

u$700 contra u$6700, ese es el tema y no me refiero únicamente a las cuentas.

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Para arriba

Miguel Mateos Rockas Vivas

Miguel Mateos Rockas Vivas

Me puse a hablar con la moza del restaurante de la vuelta y le conté que iba con mi hermano a ver a Miguel Mateos en el Luna por el aniversario de Rockas Vivas. Ella dijo “Ja ¿En seriooooo?” y claro, tiene 25 años, aro en la lengua. Yo le expliqué que uno no puede usar categorías del presente para analizar cosas del pasado y ella dijo “claro, claro” pero creo que no hubo entendimiento y mientras clavaba el tenedor en la Suprema Maryland y le miraba el culo me puse a pensar en  los ochenta, mi colegio privado de barrio caído, un ambiente conservador, yo era el peor del grado: padres separados, después había uno con el padre muerto – inspiraba lástima mayormente – y otro que se sospechaba adoptado pero no había certeza. Ocho años de escolarización accidentada, a las trompadas, a las injusticias, al borde de la expulsión y estaba en el arenero cuando un chico se puso a cantar “Yo no busco lo que vos tenés…” No se quedó ahí, se mandó toda la letra de la canción, de punta a punta. Después vino mi cumpleaños y el de mi hermano y mi hermano se encargó de pedir regalos: un casete de Miguel Mateos y otro de Soda Stereo. Teníamos un radiograbador Sanyo horrible, fabricado en Tierra del Fuego y poníamos esos dos casetes, los únicos que teníamos. Yo escuchaba más el de Mateos, me parecía algo del destino, una señal que tenía que seguir.

Mi hermano era más grande y empezó a ir a los bailes de sexto y de séptimo. Una noche mi vieja no tenía adónde dejarme así que me mandó al baile con él y sus amigos. Era un colegio por Serrano y Corrientes. En los pasillos vendían panchos y coca y torta casera, todo barato. Mi hermano se había perdido por ahí con sus amigos y yo caminaba solo, amparado en la oscuridad, comiendo torta y admirando a esas chicas más grandes con bucles y perfume dulzón.

Entonces me pareció que me miraban, por un momento me preocupé pero en seguida me di cuenta, ahí adentro nadie sabía mis problemas. Las chicas me miraban, estaba claro, algo había cambiado. Me acerqué a una, no era la más linda, era flaquita, delicada, parecía sola como yo. “Bailás” No contestó, empezó a caminar para la pista y tardé un poco en entender que eso era un sí. La seguí y bailamos. Por los parlantes sonaba Perdiendo El Control. Sentía los bajos vibrar en el pecho y no sabía bien cómo tenía que bailar pero me movía igual y cantaba y estaba feliz de tener a esa chica ahí conmigo. Levanté la cabeza y miré alrededor, vi una dos, tres, diez, cien chicas solas, rubias, lindas, caminando por el lugar y sospeché que ese podría ser un punto de apoyo. “Una puerta más que hay que abrir a golpes… hoy me siento muy bien conmigo… hoy quisiera tener testigos…”

Salimos del baile y esperábamos con mi hermano en las escaleras. Ya no quedaba nadie. En algún momento de la noche iba a pasar mi vieja con el VW 1500. Mi hermano me había visto bailando Perdiendo el Control y estaba contento, orgulloso. Una mirada así es todo lo que hace falta a veces. De los dos, yo solo tuve esa suerte.

25 años más tarde, me tomo el subte D para ir al centro  y llego a Las Cuartetas, la pizzería preferida de mi abuelo y de mi viejo. Mi hermano está ahí en una mesa del costado. Tomamos una botella de Moscato y comemos porciones de pizza. Ocho cuadras hasta el Luna y entramos por la puerta 3. El escenario está cerca y veo salir a los músicos, entre ellos el guitarrista Ariel Pozzo– un ex profesor, excelente violero que aparece mencionado en la novela La Gran Monterrey -  Después aparece Mateos y suenan los temas de esa época, Perdiendo el Control , Mundo Feliz, Tirá para arriba, Bulldog.

Miro al costado, a mi hermano  y estoy contento, orgulloso y quiero pensar que el tiempo va a dar para compensar todos los años que pasé distraído y equivocado.

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