Caminamos despacio, encantados de estar afuera, pisando el asfalto, mirando los edificios y siendo cómplices. Ella es bonita, más bonita que en las fotos porque ahora la veo moverse y tiene esa forma de señalar un auto abandonado, un pedazo de cielo, como si nunca hubiera estado afuera. Y su pelo es de un color rojo, brillante, con matices furiosos que las pantallas no podrían capturar con exactitud. Me mira y sonríe. Damos unas vueltas por la avenida y nos sentamos ahí donde hubo un parque....