Me senté en un costado de la roda y sentí las miradas. El rumor había corrido, me la iban a dar y llevaba las de perder. El repartevolantes era más alto que yo y estaba más marcado. Cada uno tiene sus métodos para enfrentar el miedo. El mío siempre fue inmolarme. En lugar de refugiarme en los instrumentos o escaparme de ahí, compré el jogo de un pibe con graduación que siempre iba al contacto, te encerraba y te arrinconaba contra los instrumentos. Me fui desplazando con mi Jinga aparatosa, me...