
En mi primer viaje a California hice un gran desvío a Monterey para visitar el Beat Museum. El lugar resultó ser un local de 2×2 pero lo peor fue que estaba cerrado. Se ve que no iba nadie y los dueños se embolaron y lo clausuraron los meses de frío.
La semana pasada estuve de paso por San Francisco y me fui a North Beach para hacer la clásica visita a la librería City Lights seguida por una copa en el bar Vesuvio. Estaba saliendo del Vesuvio cuando vi una gigantografía de esa foto famosa donde aparecen Jack Kerouac y Neal Cassady. Crucé la calle y voilá! Ahí estaba el Beat Museum. Sí, el mismo de Monterey pero mejor ubicado.

Sin dudarlo pagué los cinco dólares y pasé un par de horas metido de lleno en el mundo beat de Jack Kerouac, Neal Cassady, Allen Ginsberg, Ferlinghetti y Burroughs y también en el mundo no tan beat de Bukowski y Ken Kessey.
La palabra “museo” le queda un poco grande pero si después de dos encamadas le digo “novia” a una chica de veinte, no me voy a poner jodido con ese tema. Además u$5 es un precio justo sea lo que sea.
Debajo, algunas cosas interesantes que encontré por ahí.

Este cartel puede encontrarse también en el callejón ubicado entre el Vesuvio y City Lights. El problema es que para salir en la foto con el cartel, la cámara tiene que estar en contrapicado y te queda la cabeza deformada y ni me quiero imagina un narigón. Entonces, por u$5 te podés sacar la foto como Dios manda.

Este órgano es uno de los pocos artículos originales de la muestra y perteneció a Allen Ginsberg. Cuenta la leyenda que si lo tocás, en lugar de escribir poemas inmortales, te volvés medio carolo.

No importa cuántas copias hayas vendido de “En El Camino”, cuando te mueras, diez párrafos de rutina y a otra cosa.

Este auto ocupa casi toda la planta baja del museo. Tiene colocado un cartel “Did Neal Cassady steal this car?” Entonces te acercás y lees el cartelito y resulta que….cha, chan… no, no pueden asegurar que Neal robó ese Pontiac 1941 pero pudo haberle llamado la atención. Putos.

Es importante notar que en 1961 con $10,08 te podías comprar alcohol para alegrar un estadio.

Esta Playboy muestra cómo cambiaron los tiempos. En aquel entonces el dibujo de una Vespa y la nota de Kerouac vendían más que un par de culos. Igual prefiero los culos. Soy de ahora. Qué le voy a hacer.

Otra pieza original del museo es esta pintura realizada por la chica que inspiró al personaje de Mardou Fox en Los Subterráneos. Incluye una dedicatoria manuscrita a Kerouac.

Un librito casero de Buk. Buena tapa por cierto.
El museo tiene una sala de video que me hizo recordar mucho a los cines porno del centro. Hay una tele de 29 pulgadas y un DVD en autorepeat con algunas perlitas como este tramo de un noticiero dónde informan sobre la muerte de Kerouac.
Por el mismo precio les dejo otro video.
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Debajo, los preferidos de las chicas tatuadas:



