Crónicas de Camboriú 8/?

El pintor capturado

El pintor asesino, recorte de diario

Me tomé un taxi en la Tercera Avenida y fui hasta el hospital. Parecía una clínica de ruta, las paredes sucias, mosquitos y médicos en ojotas. A mi viejo lo estaban operando y nadie me explicaba lo que había pasado. Esperé en un pasillo asustado, preocupado y una hora más tarde me hicieron pasar a una habitación. Mi viejo estaba entubado, anestesiado, con un vendaje enorme en las costillas y se me aflojaron las piernas, pensé en todas las cosas que nunca había podido preguntarle, en todas las cosas que no habíamos podido compartir por la distancia, por los desencuentros, pensé en que no estaba listo para nada salvo para seguir siendo hijo. Entonces él giró la cabeza despacio, me vio y con un esfuerzo terrible levantó la mano derecha y me hizo OK y fue un alivio inmediato y muchos años después una enseñanza de vida. Esa noche mi viejo sobrevivió dos veces, primero al balazo y después a la mala praxis de un médico trasnochado que lo cortó de lado a lado para buscar una bala que estaba entre la piel y las costillas.

Al otro día llegó mi tío en un vuelo charter. Trajo un fajo de billetes y consiguió un revolver 38 y varios contactos en la policía. El comedor era un centro de operaciones, hubo varias idas y vueltas pero no pudieron alcanzar a los responsables. A los pocos días mi viejo volvía del hospital y yo volvía a Buenos Aires.

Por carta me enteré cómo había sido la historia. Resulta que mi viejo le alquilaba un departamento a un pintor y este pintor debía la plata del alquiler y salió y se emborrachó junto a un alemán grandote y aparecieron en la casa y le tocaron el timbre. Mi viejo bajó y los tipos trataron de pegarle. El pintor cayó de culo con una trompada y mi viejo le estaba trabajando la cara al grandote cuando vio unos movimientos raros al costado. El pintor estaba sacando un revolver de su cartera. Mi viejo se tiró al piso y escuchó dos tiros cerca. El tercero le dio. El pintor y el grandote se escaparon y mi viejo subió a buscar su Bersa 22. Dio unas vueltas a bordo del Jeep pero no los encontró y la herida estaba sangrando demasiado así que se fue manejando al hospital.

Mi viejo se recuperó y empezó a investigar. El pintor había asesinado muchos años atrás al hijo de un policía. Con este dato consiguió movilizar unos contactos y ubicaron el paradero del pintor pero se había escapado unas horas antes. Lo siguió y lo siguió y al final consiguió meterlo preso.

Dicen que la cárcel estaba superpoblada, dicen que al pintor lo violaron y que se agarró Sida y por  eso lo soltaron. Afuera no le fue mucho mejor. Un par de meses más tarde lo encontraron tirado en un zanjón. Tenía un cuchillo clavado hasta el mango.

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