Crónicas de Capoeira Parte 2

Capoeira Baires

Capoeira Baires

Me senté en un costado de la roda y sentí las miradas. El rumor había corrido, me la iban a dar y llevaba las de perder. El repartevolantes era más alto que yo y estaba más marcado. Cada uno tiene sus métodos para enfrentar el miedo. El mío siempre fue inmolarme. En lugar de refugiarme en los instrumentos o escaparme de ahí, compré el jogo de un pibe con graduación que siempre iba al contacto, te encerraba y te arrinconaba contra los instrumentos. Me fui desplazando con mi Jinga aparatosa, metí algunas acrobacias de piso y algunas patadas circulares y cuando el otro largó las meia luas de compaso yo aguanté arrodillado en cocorinha. Ni bien subió, me disparé como un resorte y le metí una Bencao frontal al pecho. Salió disparado y cayó de orto al piso. Ahí di vuelta la cara y lo miré al repartevolantes. No compró. Ni iba a comprar. La amenaza quedó en la nada. Lo miré al mestre. Me pareció que estaba conforme.

Esa misma noche me llamó S…2 Pensé que iba a estar enojada, que me iba a hablar del grupo, de la lealtad, de la fidelidad, de mi patada al graduado. Pero no dijo nada de eso y me preguntó si podía pasar por casa. Claro. Seguía el calor, plano, sofocante. Ella vino en minifalda de algodón. Se pegaba a las piernas y le marcaba la cola. Yo la miraba servir vodka en mi vaso y pensaba que no iba a aguantar. Se dio vuelta y me enfrentó “Veneno… ¿te gusta que te diga Veneno?” Una de esas preguntas que no necesita respuesta. Me acerqué, puse mis manos en sus piernas y subí la minifalda, necesitaba ver qué clase de bombacha llevaba puesta. Era eso nada más. Eso y la dejaba. Resultó ser una bombacha de algodón, suavecita, una de paisana bien, de nena de mamá. No pude, la subí a la mesa y empecé con eso que estuvo bueno, bueno y discreto porque ella no le contó a nadie, yo tampoco y la cosa marchaba.

El mestre trajo un día ese plan de viajar a la Gran Roda de Curitiba y me pareció zarpado pero me puse a tono, mejoraba rápido, ya no parecía Robocop. Sacaba las patadas sin desarmar la Jinga y tenía el Macaco para un lado y la vertical derechita. S…2 estaba estancada, había llegado a su techo en la Capoeira. Brillaba un poco con los primeros dos temas de Angola. Después no tenía mucho para aportar en la Roda.

Igual me gustaba y nos veíamos una vez por semana. Entonces Jason, un capoeirista norteamericano que vivía en un loft por San Telmo nos invitó al cumpleaños. S…2 quería bailar. Yo no bailo. Nunca. Me quedé en el sillón del piso de arriba, medio borracho y al lado tenía a esta morochita muy potable, pelo enjuagado con flores y bastante sola. Le hablé, le hablé y le comí la boquita. Abrí los ojos y estaba S…2, se había materializado en el piso de arriba, sin aviso. Casi traicionera. Que vamos, que me voy , hacé lo que quieras. Salimos y llovía, finito, molesto. Salimos con la camioneta Dacia y me paró un semáforo en la 9 de Julio. Ella me decía a los gritos “Por qué me boludeás” Qué pregunta jodida. No sé, no tengo idea, me aburro, no pienso, necesito ir para adelante. Le estaba por contestar. Entonces escuchamos el ruido. Un auto no podía frenar, el tipo trató pero se mandó una patinada Holiday On Ice y venía en zigzag para mi lado. Chau, es el fin, pensé. Pero entonces me di cuenta. Bastaba con meter primera y avanzar. Puse primera y me corrí. El auto pasó patinando. Parecía que iba a seguir hasta Libertador. Agarré Rivadavia. En la AM del Dacia estaban pasando una música clásica en acordes menores, satánicos y preferí el silencio y las gotas en el parabrisas.

La dejé en su casa y antes de bajar me dio un beso en la mejilla. Sus labios hicieron contacto con mi cara y me di cuenta de que ahí quedaba todo.
Antes de bajar me preguntó si iba a la Gran Roda de Curitiba.

-    Sí, obvio.
-    Que la pases lindo.

(Continuará…)

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One Response to “Crónicas de Capoeira Parte 2”

  • N says:

    Vamos todos: Capoeira nao pode parar, capoeira nao pode morrer… é a tradicao do meu corpo… e sim ela nao posso viver…
    Sory por las A sin huevadita encima.

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