Crónicas de Capoeira Parte 3

Antes del viaje a la gran Roda de Curitiba le hicimos una visita al otro grupo de Capoeira de Buenos Aires. Yo no sabía muy bien los entretelones pero aparentemente el mestre del otro grupo y el mío habían llegado a Buenos Aires en la misma época y entre ellos corría una vibración para nada positiva. Rivalidad localista, Rio versus Curitiba o algo así.
El otro grupo entrenaba en PH reciclado con ventanal sobre la calle Serrano, estaba lleno de turistas y de capoeiristas con muy buen nivel.
Llegamos el viernes a eso de las 8 y la roda recién empezaba. El mestre entró y jogó con varios de los alumnos más avanzados del otro grupo y se notaba que lo respetaban. Nosotros hicimos cola al pie de los instrumentos y fuimos entrando de a poco. Me tocó con un pibe sin graduación medio espástico. Lo peor para un capoeirista principiante es entrar con otro capoeirista principiante. Me alejé instintivamente y tiré un repertorio de patadas de Taekwondo indisimulables. Entonces me compraron el jogo. Me di vuelta y apareció jingando una mina fibrosa, estilo Sarah Connor en Terminator 2 Seguí haciendo lo mío pero al bajar de una bencao, Sarah Connor pegó un salto, me agarró el pie y me tiró de culo al piso.  Se ve que era algo que esta mina hacía a menudo. Los compañeritos festejaron. Yo me paré, hice dos Jingas para chupar distancia y tiré unas diez patadas frontales. No le tiraba a pegar pero pasaban todas cerca y fuerte. Sarah Connor no podía hacer otra cosa que esquivar desesperada y torpe. Ahí apareció el grandote. Era un musculoso anabólico que salía con Sarah Connor, uno de los mejores alumnos del otro grupo. No puedo explicar bien cómo se dieron las cosas, solo sé que hubo poca Jinga, nada de acrobacia, que una de sus patadas me rozó, que dos patadas mías le entraron lindo y que un giro de él se estrelló contra la pared. Ahí nos compraron el jogo y aparecieron unos muñecos tratando de apaciguar los ánimos. Mi ánimo estaba perfecto. Al lado del Sipalki, eso era nada, menos que nada. Mis compañeros se animaron y le jogaron de igual a igual a varios capoeiristas del otro grupo, especialmente un anoréxico llamado Pablito y otro que perfilaba bien llamado Chako. Cuando salimos de ahí fuimos a comer algo a una Pizzería. El mestre estaba contentísimo. Esa noche había mostrado que estaba en camino y que tenía con qué.
Dos semanas más tarde nos encontramos en Ezeiza para ir a la Gran Roda de Curitiba. S…2 no veía y de hecho ya casi ni entrenaba. S…1 estaba pero ya no la veía atractiva ni deseable. Era una loquita peligrosa y muy usada. Las otras chicas daban ganas de sepultarlas con el peso de un atabaque y me sentí un poco deprimido, como me pasa siempre cuando no existe la posibilidad de una mujer. Entonces escuché que Chako decía “Qué raro, N… me dijo que venía” N… era una chica nueva, rubia, pelo corto carré, una carita preciosa. Me hubiera gustado tenerla cerca en ese viaje pero no vino y me subí al avión mirando acá y allá, buscando una posibilidad.
Primera parada en Curitiba, la casa de Sergipe. Sergipe era el mestre del mestre. Un tipo bajo, morrudo, muy inteligente. Contó anécdotas incorrectas, graciosas, sabias. Vi que mucha gente lo reverenciaba pero él le tenía un afecto especial a mi mestre. Escuchamos historias de Bimba y de Suassuna y vimos  VHS de viejas rodas.  Había un alumno de Sergipe en varios videos llamado Daniel que me impresionó por la irreverencia y la violencia. Por la tarde nos llevaron al gimnasio donde íbamos a dormir. Salimos a almorzar y por la tarde participamos de una clase. Era emocionante estar jingando ahí, con tipos tan grosos.  La clase terminó y fueron llegando hordas de Capoeiristas de todo Brasil. Vi a varios que había seguido en los videos, incluido este tipo Daniel. El salón era grande y se armaron pequeñas rodas a un costado y al otro. No me alcanzaban los ojos para capturar todo. De un lado había un pelilargo trabado en JiuJitsu con un patovica. Del otro, dos flaquitos con el pelo oxigenado se metían a la roda con unos saltos que parecían clavados olímpicos. Al costado de la ventana, un viejo de 7000 años se movía por el piso como una víbora. Todo era berimbau, canciones, baile, patadas, percusión y nosotros, los argentinos, perdidos, estáticos en esa grandeza. Apareció un pibe de 10 años y me invitó a jogar y después otro pibe y después intercambiamos remeras como en un partido de fútbol. Nunca había hecho eso, pequeños jogos orbitando al costado de las rodas más grandes. De cada interacción me llevé algo, principalmente las pausas, los desplazamientos de piso bajos, reflexivos. Entendí que no era todo Jinga y patadas y acrobacias. Veía cosas que ni siquiera sabía que eran posibles, que desafiaban la lógica, la gravedad. Vi cuerpos de 100kg sostenidos por un pulgar, vi reflejos y mucha inteligencia, vi como cada uno adaptaba el jogo al rival y a las propias capacidades. Nos fuimos a dormir tarde, extasiados, extenuados. Al otro día fue la Gran Roda. Cambiamos más remeras, jogamos, filmamos, sacamos fotos. Miré y miré y entendí los códigos, los climas, copié mentalmente los estilos. Sabía que quería apuntar a la agresividad de Daniel y a los movimientos de un flaquito intocable que saltaba dos metros y caía como un gato y esquivaba las peores patadas metiéndose en el jogo del otro. Por la noche  nos tiramos en las bolsas de dormir y al rato estaban todos durmiendo menos S…1 Me miró, me sonrío y me acerqué pero cuando la tuve encima me di cuenta de que no me gustaba y estaba transpirada y yo también y todo eso no iba para ningún lado.
Al tercer día se hizo un encuentro al aire libre. Llegamos por una explanada y había un brasilero tocando un pandeiro y cantando una canción que me resultaba conocida. Era Redemption Song de Marley.  Sonaba de puta madre. La letra se reveló como una Polaroid. Al lado tenía a una morocha afro alta y hermosa. La miré, me miró y no tuve que agregar nada. Me acerqué y la agarré de la cintura. Estuve toda la tarde con ella, feliz, contandole cosas, respirando su piel. Nos despedimos a última hora y me dijo que iba a pasar por el gimnasio. No le creí y me entristeció ver como subía a un Fusca naranja.
A medianoche la piba – que a todo esto debía tener 16 años – apareció en el gimnasio. Subió las escaleras y nos tiramos sobre una pila de colchonetas.  El sereno se hacía el que no miraba pero miraba y la piba estaba inquieta. Armé una pared de colchonetas y traté de seguir con lo mío pero no había caso. Me volví loco y consideré empujar al sereno por las escaleras o explicarle que en Buenos Aires no se veían cosas como esas todos los días. No pasó nada, una hora más tarde la piba se iba y me dejaba loco, insomne y alterado.
Volvimos a Buenos Aires y la diferencia se notaba. Todos los que habíamos viajado a Curitiba nos diferenciábamos por las remeras brasileras, por los nuevos movimientos, por la  motivación y la obsesión por la Capoeira.
A las dos semanas, salí con N… y en todo parecía muy tímida pero se invitó sola a mi casa y resultó ser un polvo increíble. Quería más y más y me agarraba con las piernas. Yo había terminado hacía dos segundos pero no me dejaba salir y me empezó a pasar la lengua por los labios. Sentí un viento, un cambio de temperaturas y todo volvió a empezar.
A la otra semana, ahí estaba yo, muy confiado con mi posición, con mis capacidades, arriba en todos los sentidos cuando recibimos visita de un grupo callejero. Tenían remeras viejas y el pelo con rastas. La miré a N… y pensé que era una buena ocasión para mandarme la parte así que entré a jogar con un gordito de rastas y lo saqué de la roda con una patada lateral. El rasta volvió con cara de nada y yo traté de darle otra patada pero mi pie siguió de largo y el rasta desapareció de mi vista, al instante yo estaba flotando en el aire y pum, de culo al piso. Este pibe solía entrenar lucha grecorromana y finalmente se unió al grupo con el apodo de Tarantula y resultó ser uno de los capoeiristas más interesantes y efectivos que vi.
Yo todavía tenía mucho que aprender.
Ahí vinieron los bautizados, verde, amarillo, azul. Mejor técnica, mejores acrobacias. Más viajes, a Montevideo, a algunas provincias. Y un día la cosa se pinchó, eran las vacaciones, no había mucha gente, el mestre estaba desmotivado y nosotros también. Me fui al grupo rival.
Entré sin graduación, sin honores y con mucha gente a la que había pateado en las Rodas. Me sentía mal por esa época, eran tiempos de cambios, de despedidas. Mi perro había muerto, mi banda de rock se había separado, había cambiado un amigo por una mujer olvidable y todo explotó en la roda del  grupo nuevo.
Entré a jogar con un pibe apodado El M… El clima empezó a subir y en lugar de aceptar mi posición le seguí el ritmo. El otro era mejor, más coordinado, más acrobacias pero a la hora de las patadas no tenía nada que hacer conmigo. Yo pegaba dos y él pegaba una. Lo arrinconé y entré con dos giros y una lateral. El veía que no iba a poder hacer nada y se me tiró encima para empezar con los agarramentos.   Nunca me gustó el Jiu Jitsu. Tener  a otro tipo encima apoyándote no va con mis principios. El M… me agarró y mientras caíamos al piso le metí una trompada en la cara. Pum. Un momento más tarde tenía a cinco capoeiristas tratando de comprar. No veía nada, no entendía nada. Traté de bajar las revoluciones pero ya era tarde. Me vinieron encima. Recibí cuatro trompadas, cinco patadas. La nariz me sangraba, las costillas me dolían y estaba ahí al medio de todos. Pararon la roda y me fui, humillado, vencido, sintiéndome un idiota, el peor.
Desde ahí mi historia en la Capoeira fue para abajo, inconstante, inconformista, agresivo, probando en un lugar y en otro, buscando ese clima de la primera vez y sospechando que nunca lo iba a volver a encontrar. Un par de veces, en la época de los viajes a EEUU, fui hasta la playa y jingé con el ruido del viento, recordando fragmentos, buenos momentos y pensando en poder escribir algo, alguna vez.

Popularity: 1% [?]

Share this Post:
Digg Google Bookmarks reddit Mixx StumbleUpon Technorati Yahoo! Buzz DesignFloat Delicious BlinkList Furl

No Responses to “Crónicas de Capoeira Parte 3”

Leave a Reply:

Name (required):
Mail (will not be published) (required):
Website:
Comment (required):
XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>